Como bien sabemos, la Pascua son cincuenta días a partir de que Jesús resucita, hasta la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Son días de una gran alegría; de gozo y dicha; días en que estamos llamados a manifestar nuestro gozo porque Cristo venció al pecado y la muerte; él vive y nos trae vida eterna.

Ahora bien, ¿nos felicitamos por la Pascua? ¿Cantamos y contamos la Pascua?, es decir ¿anunciamos alegremente y de mil formas el misterio pascual? ¿Realmente hemos resucitado con Cristo? ¿O todo se reduce a un producto más de consumo?

Vivir la Pascua significa:

Estar atentos a la Palabra

Escuchar atenta, constante y de manera orante la Palabra de Dios, es decir, necesitamos regresar una y otra vez a la Biblia que es la fuente y el alimento principal de nuestra fe y de nuestra vida. Los cristianos –particularmente los católicos– no podemos permitirnos  ser los grandes desconocedores y hasta prófugos de la Palabra de Dios, que siempre es viva y eficaz, actual, interpeladora, pensada para ti, para mí y para todos. La Palabra de Dios es la gran pedagoga, la gran educadora de nuestros ojos y de nuestro corazón. Es la gran maestra de la Pascua.

Buscar las cosas de arriba

La Pascua y nuestro acercamiento a la Palabra en este tiempo,  purifican nuestra mirada y nuestro corazón, lo cual nos permite mirar «más arriba», buscar las «cosas de allá arriba», donde está Cristo el Señor.

Necesitamos llenarnos de esperanza porque hemos sido salvados –«spe salvi»–, de la esperanza que no defrauda. Para encontrar las cosas de arriba, donde está Cristo el Señor, necesitamos rezar, fortalecer nuestra vida interior, revitalizar nuestras raíces cristianas, profundizar en la verdadera y propia identidad de nuestra fe y de nuestra Iglesia en y desde la comunión.

Vivir como testigos

Nadie da lo que no tiene, así que sólo transformados nosotros mismos podremos ser levadura nueva de conversión para nuestra humanidad. Cristo resucitado nos llama a ser sus testigos y compartir la alegría que nos provoca el saberlo vivo entre nosotros. No estamos solos, él está a nuestro lado.

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