La Cuaresma es un camino de cuarenta días con un ritmo y una serie de etapas, aunque las lecturas cambian en ciclos de tres años hay unas pautas en ellas:

La primera semana

En primer lugar, el primer domingo de Cuaresma comienza siempre con el relato de las Tentaciones de Jesús en el desierto, vamos alternando cada año con un evangelista.

El desierto, como lugar donde se hace Dios presente, nos sitúa en el marco de la Cuaresma. Podemos tomarlos como cuarenta días de desierto espiritual para la oración y reflexión, con el paralelismo de los cuarenta años del pueblo de Israel hacia la tierra prometida.

Las tentaciones no son solo un proceso por el que pasó Jesús. A estas mismas tentaciones tenemos que hacer frente en nuestra vida: poder, apariencia, dinero, control. Para iniciar este camino de conversión que es la Cuaresma debemos mirar a nuestro interior para saber qué es lo que tenemos que dejar atrás, o qué tenemos que cambiar.

La segunda semana

En la segunda semana también coinciden todos los años los relatos del evangelio, cada vez de un evangelista. Es el relato de la transfiguración. Comenzando la Cuaresma la transfiguración no señala hacia el destino final, celebrar la Pascua, la muerte y resurrección de Jesús, y transformar en luz nuestras oscuridades del día a día

La tercera semana

Las lecturas de la tercera semana ya no son todos los años iguales, pero coinciden en un tono de denuncia por parte de Jesús. Ya sea viendo el Templo en tiempos de Jesús, el comportamiento de sus dirigentes, o la vida que llevaba la samaritana, las lecturas nos invitan a una renovación personal.

Cuarta y quinta semana de la Cuaresma

Las lecturas de la cuarta y la quinta semana profundizarán en los caminos de conversión, y de vuelta a Dios. Tenemos relatos como el del padre bueno y su hijo pródigo, la curación de Bartimeo, la lapidación de la mujer adúltera. Por otro lado, encontramos reflexiones sobre el propio Jesucristo, lo que supone seguirle, la resurrección y la vida eterna. Nos ayudarán a pensar sobre el perdón, a tomar conciencia de nuestra esencia de ser cristiano y el papel de nuestro bautismo de cara a renovarlo en la Pascua.

Por último, la sexta semana que termina con el Domingo de Ramos nos centra ya en los acontecimientos de la Semana Santa

Write a comment:

*

Your email address will not be published.