El verano es un buen momento para romper con la rutina, aprovechar el tiempo libre y disfrutar de momentos intensos de oración personal o comunitaria. Para algunos son días de descanso, de cambio de ritmo, de explorar y disfrutar de todo lo que nos rodea. Solos o en compañía, es un tiempo maravilloso para hacer vacaciones y, especialmente, para hacerlas con Jesús.
Los meses de verano son ideales para aprender, divertirse y al mismo tiempo crecer en la fe. Los más pequeños de la casa también pueden hacerlo, ya sea desde el entorno familiar o gracias a las propuestas de ocio que se organizan con la llegada del buen tiempo: cursos de verano, retiros, campamentos, etcétera.
La mayoría de estas iniciativas se impulsan desde los movimientos juveniles, de adolescentes o grupos de catequistas.
El tiempo libre es un momento adecuado para la educación y para el crecimiento integral de la persona. Con el juego y las actividades se genera una convivencia en la que interactúan comportamientos, actitudes y valores que se manifiestan en la vida de los niños. Te invitamos a preguntar en tu parroquia sobre las actividades que ofrecerá en este periodo de vacaciones para los niños, jóvenes y adolescentes, con las cuales se pretende colaborar en el bien común y la edificación de personas íntegras, socialmente responsables, capaces de amar y ser amadas y abiertas al encuentro con Dios.
Jesucristo es el modelo de persona humana, libre, atenta a los sufrimientos de sus conciudadanos, defensor de la paz y profundamente movido para presentar el verdadero rostro de Dios: un Padre que nos ama infinitamente y que nos ofrece ya desde ahora una vida eterna con él.
Queridos hermanos y hermanas, vivamos este período veraniego como un regalo. Encontremos espacios para disfrutar de nuestro entorno, para aprender y crecer espiritual y humanamente. Descubramos cómo vivir la fe con intensidad. Pequeños y mayores, hagamos vacaciones con Jesús.