SACIARSE CON LA PALABRA
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
Viernes de la Semana II de Pascua
(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 59)

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«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
 
Evangelio según san Juan: 6, 1-15
Jesús distribuyó el pan a los que estaban sentados, hasta que se saciaron
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«Hijos míos: quiero reunirlos a ustedes como una gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas, para protegerlos, para cuidarlos, para darles de comer, para guiarlos en el camino y que nunca se pierdan.

Permanezcan conmigo, para que sean llenos del Espíritu Santo, que siempre está conmigo, para que, fortalecidos en la fe y en el amor, alcancen la esperanza de mi auxilio, para que sean reunidos bajo mis alas y obtengan la protección de mi manto.

Yo intercedo por ustedes, para que Dios, que es compasivo y misericordioso, derrame sobre ustedes su Santo Espíritu, que siempre está conmigo; para que los fortalezca y tengan el valor de salir al mundo y dar testimonio de la misericordia derramada, por la que Cristo resucitado y vivo se queda y permanece en cada uno de ustedes; para que lleven con compasión la fe, la esperanza y el amor; para que los que buscan la misericordia de Dios la encuentren en Cristo, en su Cruz y en su resurrección; para que los que tienen hambre sean saciados, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y luego llenen doce canastos con su testimonio de fe, para que pase de generación en generación, y todos crean que la Eucaristía es un milagro patente. Es el Cuerpo y la Sangre del Hijo de Dios crucificado y resucitado, y su presencia viva, real y substancial, que da vida. Es el Santo Sacramento del altar, que siendo tan solo un pan, se convierte en alimento de vida, y se multiplica, y contiene en sí todo un Dios en cada partícula, para darse como alimento, para saciar a su pueblo, reuniéndolos en un solo rebaño y con un solo Pastor.

Escuchen la Palabra, y aliméntense de ella hasta saciarse, porque no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Permanezcan en mi compañía, dispuestos a hacer la voluntad de Dios, valientes y firmes en la fe, en la esperanza y en el amor, en un sí constante, para que Dios los mire y se haga en ustedes según su palabra, y su alegría sea servir a Cristo, porque el Espíritu Santo, que está conmigo, está con ustedes, y con todos los que me acompañan».

DAR TESTIMONIO CON LAS OBRAS
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
15 de abril de 2021
(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 58)

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«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
 
Evangelio según san Juan: 3, 31-36
El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos
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«Hijos míos: la fe es un tesoro que Dios regala a los hombres, para que crean en Jesucristo y cumplan sus mandamientos, para que tengan vida eterna. Poner la fe por obra es creer y obrar con misericordia y con la fe, para dar testimonio del amor de Dios con su vida en medio del mundo.  Las obras que son de Dios implican un abandono total del hombre en sus manos, para que, por su fe, lo dejen obrar.

La verdadera fe implica amar a Dios por sobre todas las cosas y hacer su voluntad, cumpliendo sus mandamientos, amándolo a través del prójimo.  La verdadera fe implica generosidad, y rechazo total al egoísmo, para poderse abandonar en Dios.

Yo les pido que se mantengan en la disposición de hacer la voluntad de Dios, porque es así como fortalecen su fe, para que, con esta fe, den testimonio de que Dios ha hecho morada en ustedes, que Él obra en ustedes y a través de ustedes. Crean en Jesucristo. Dios les da la fe, pero se requiere la voluntad para creer.

La gracia del querer, eso es lo que yo pido para cada uno de mis hijos, porque esa fe se alimenta de los sacramentos, se fortalece cuando se pone por obra, y eso es mostrar el querer, practicar el querer, dando testimonio de que ese querer también viene de lo alto. Por eso hay que pedir la gracia del querer. Fortalezcan su fe, cada día, acudiendo a mí, para fortalecer el querer. Yo siempre los llevo a Jesús.

El demonio es el padre de la mentira, y busca engañar, complicar, desanimar, desalentar, envolverlos en tinieblas, para que no pidan lo que necesitan. Por tanto, es un ladrón del querer. Lo único que no es de Dios por propia voluntad de Él es la libertad de la voluntad de ustedes, que depende de su querer.

No confíen nunca en sus propias fuerzas, porque el demonio es astuto. Por tanto, lo que hay que hacer siempre es un justo discernimiento en la oración, sabiendo por la fe que frente a la presencia de Cristo vivo, alimentados y fortalecidos por los sacramentos, invocando al Espíritu Santo, por la disposición de un corazón abierto, contrito y humillado, mantienen al demonio alejado.

Pídanle al Señor que aumente su fe, para que crean en Él y en que ustedes tienen el poder de dar testimonio de Él, porque no son ustedes sino es Cristo quien vive en ustedes, y quien da testimonio de sí mismo».

RECIBIR LA LUZ DE LA VIDA
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
14 de abril de 2021
(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 57)

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«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
 
Evangelio según san Juan: 3, 16-21
Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.
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«Hijos míos: Jesús ha sido enviado a traer la luz al mundo para darle vida a los hombres, porque vivían en la oscuridad, sometidos a la muerte por el pecado, en medio de las tinieblas de la mentira, por la que todos estaban condenados. Pero tanto amó Dios al mundo, que le dio a su único Hijo para salvarlos. Y lo envió a mostrar el camino, porque Él es el Camino.  Y lo envió a revelar la verdad, porque Él es la Verdad. Y lo envió a darles vida a los hombres, porque Él es la Vida.
No se lamenten, hijos míos, de todo lo que les ha pasado. Miren a su Señor. A Él lo han crucificado. Pero Él está vivo, porque ha resucitado. Crean en Él, para que tengan vida eterna.

Acérquense al trono de la sabiduría, para que los llene de amor, porque no es más sabio el que sabe, sino el que ama. 
Acérquense a la fuente de luz, para que sean transformados en la luz que brilla de su costado, del que se ha derramado el amor en misericordia, porque ahí está la vida.
Reciban la luz, para que no sea rechazada por las tinieblas, sino que disipe la oscuridad e ilumine sus corazones, para que tengan vida.
Escuchen la Palabra, para que reciban la luz, y pongan en práctica en sus vidas la Palabra, para que brille en ustedes la luz con sus buenas obras.

Permanezcan unidos a mi Inmaculado Corazón, para que se mantengan en el fervor ardiente del celo apostólico de mi corazón.
Para que enciendan con el fuego de mi amor al mundo entero.
Para que en ese amor reciban la gracia y aumente su fe.
Para que pongan su fe en obras de misericordia para Cristo, a través de la oración, y al servicio de los demás.
Para que pidan para ellos la gracia de la conversión, para que obren en la verdad y se acerquen a la luz.
Para que los corazones fríos, de piedra, sean cambiados por corazones de carne, encendidos y calientes.
Para que los corazones tibios se arrepientan y sean reavivados en el fuego vivo del amor, y no sean arrojados al fuego del castigo eterno. 
Para que los corazones calientes permanezcan encendidos y perseveren hasta el final, y sea para ellos la justificación, por creer en la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores.
Para que vivan con fe, con esperanza y con caridad, en mi compañía, bajo la protección de los ángeles y los santos, en la alegría de servir a Cristo resucitado, hasta que vuelva».

CREER EN EL MENSAJE DE LA CRUZ
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
13 de abril de 2021
(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 56)
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«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
Evangelio según san Juan: 3, 7-15
Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
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«Hijos míos: la Cruz es una bendición para ustedes, para que crean en que Jesucristo es el único Hijo de Dios, que padeció y murió para destruir el pecado y la muerte de los hombres, y darles la vida eterna. El mensaje de la Cruz para los que se salvan es fuerza de Dios. Que sea la predicación de la Cruz una alegría para ustedes, la buena nueva que lleven al mundo, mientras construyen el Reino de los cielos en la tierra. Porque la Cruz de Jesús no es una cruz de muerte, sino de vida; no es una cruz de tristeza, sino de alegría; no es una cruz de dolor, sino de amor. 
La Cruz es el signo para los hombres de que tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo único para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna; signo de que Él se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz; signo del poder de Dios, que ha vencido a la muerte, porque no era posible que el creador de la vida permaneciera sometido bajo el poder de la muerte; signo con el que ustedes demuestran su amor a Dios, humillándose, como su Hijo se humilló; dando la vida por los demás, como la dio Él;  uniendo sus sacrificios y sus ofrendas al único y eterno sacrificio agradable a Dios. La Cruz es el signo para el mundo de que el Hijo de Dios tenía que ser levantado de la tierra, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna.
Exalten la Cruz, y adórenla, porque es el signo de la unión de Dios con los hombres, a través de la crucifixión de Jesús, que entregó su carne para la vida del mundo. Exalten la Cruz, que es signo de triunfo, a través de la cual el Padre atrae a todos los hombres al Hijo, y los hace uno, para que el Hijo los lleve a Él. Exalten la Cruz, que es signo de la nueva alianza, por la que los hombres son unidos a Dios en filiación divina. Exalten la Cruz de Jesús, y confíen en su misericordia, por la que Él los resucitará en el último día.
Permanezcan conmigo en la confianza y en la fe. Tómense de mi mano y entren en comunión conmigo, participando con mi Hijo en su único y eterno sacrificio, como miembros de este cuerpo que es la Santa Iglesia, del que soy Madre, porque es el cuerpo de Cristo. Y ustedes, como miembros de este cuerpo, lleven la salud, por medio de la fe, la esperanza y la caridad, a los demás miembros. Permanezcan unidos a mi corazón y al corazón de la Santa Iglesia».cita y da vida. Así es como la Madre da vida a la Iglesia.

Pero, si un día se sienten perdidos; si sienten que están como muertos en vida, y no logran sentir que Cristo vive en ustedes, pídanle al Señor que los renueve; pídanle que encienda el fuego de sus corazones, que aumente su fe, y que les dé la fuerza para hacer sus obras, para que le muestren al mundo que su fe está viva, porque una fe sin obras es una fe muerta.

Acérquense con confianza a la oración, meditando todas las cosas que hay en sus corazones, y ábranse a la gracia y a la misericordia de Dios, porque Él los está esperando para llenar de amor sus corazones, con el Espíritu Santo. Pero primero deben morir al mundo, vaciándose de ustedes mismos, despreciando todo apego al mundo y rechazando el pecado. Morir al hombre viejo, para ser renovado; pedir perdón para ser lavado con el agua y la sangre de Cristo, que brota de la fuente de misericordia, abundante e infinita, de su costado.

Crean en el poder del Hijo de Dios, que los renueva cuando los perdona, aunque haya sido muy grave su pecado. Él ha muerto y ha resucitado, y ha pagado el precio de todos sus pecados. Vuelvan a Él, vuelvan a la gracia, acudan al sacramento de la reconciliación, para que vuelvan a la vida. Renuévense y ábranse a la vida del Espíritu, para que lo que esté muerto viva. Porque Jesús estaba muerto, pero ha resucitado, y Él no es un Dios de muertos, sino de vivos».

RENOVARSE EN EL ESPÍRITU

Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre

12 de abril de 2021

(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 55)

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«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19) 

Evangelio según san Juan: 3, 1-8

El que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.

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«Hijos míos: ustedes han sido bautizados con agua, con fuego y con el Espíritu Santo, para nacer al mundo nuevo, que mi Hijo Jesucristo con su sangre ha ganado, y que ustedes construyen con Él: el Reino de los Cielos en la tierra, porque Él ha hecho nuevas todas las cosas. Pero si uno no nace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios.

Ustedes han sido engendrados espiritualmente en mi vientre, y han sido plantados como semilla buena en tierra buena, para que crezcan, para que se alimenten y den fruto, y ese fruto permanezca. Es necesario ser sembrado en el cuerpo de Cristo, para nacer, morir y resucitar con Él. Mi misión como Madre es acompañarlos y auxiliarlos en todo momento, para que cada uno de mis hijos entregue todo a Dios, hasta el espíritu. Porque el espíritu es lo que resucita y da vida. Así es como la Madre da vida a la Iglesia.

Pero, si un día se sienten perdidos; si sienten que están como muertos en vida, y no logran sentir que Cristo vive en ustedes, pídanle al Señor que los renueve; pídanle que encienda el fuego de sus corazones, que aumente su fe, y que les dé la fuerza para hacer sus obras, para que le muestren al mundo que su fe está viva, porque una fe sin obras es una fe muerta.

Acérquense con confianza a la oración, meditando todas las cosas que hay en sus corazones, y ábranse a la gracia y a la misericordia de Dios, porque Él los está esperando para llenar de amor sus corazones, con el Espíritu Santo. Pero primero deben morir al mundo, vaciándose de ustedes mismos, despreciando todo apego al mundo y rechazando el pecado. Morir al hombre viejo, para ser renovado; pedir perdón para ser lavado con el agua y la sangre de Cristo, que brota de la fuente de misericordia, abundante e infinita, de su costado.

Crean en el poder del Hijo de Dios, que los renueva cuando los perdona, aunque haya sido muy grave su pecado. Él ha muerto y ha resucitado, y ha pagado el precio de todos sus pecados. Vuelvan a Él, vuelvan a la gracia, acudan al sacramento de la reconciliación, para que vuelvan a la vida. Renuévense y ábranse a la vida del Espíritu, para que lo que esté muerto viva. Porque Jesús estaba muerto, pero ha resucitado, y Él no es un Dios de muertos, sino de vivos».

RECIBIR LA MISERICORDIA
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
11 de abril de 2021
(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 54)

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«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19) 
 
DOMINGO DE LA MISERICORDIA
Evangelio según san Juan: 20, 19-31
Ocho días después, se les apareció Jesús.

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«Hijos míos: esta es la misericordia de Dios derramada para el mundo: que crean en Él y en Jesucristo, su único Hijo, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, encarnado en el vientre virgen y puro de mujer inmaculada, para hacerse hombre; que fue crucificado, muerto y sepultado; que descendió a los infiernos, y al tercer día resucitó de entre los muertos, y se apareció a sus discípulos para que dieran testimonio de todo esto, para que el que crea en Él tenga vida eterna; y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre, y de nuevo será enviado; y vendrá para juzgar a vivos y a muertos.

Por tanto, el mundo será juzgado por la misericordia infinita de Dios, que es Cristo mismo, y por su justicia, a fin de que sea manifestada la misericordia antes que la justicia.

Misericordia es la Santa Iglesia Católica y Apostólica, en donde el Reino de Dios se construye para reunir a todo el pueblo de Dios en un solo pueblo santo.

Misericordia es la filiación divina, conseguida por Cristo con su muerte y su resurrección, para que sean por Él, con Él y en Él todos los hombres hijos de Dios.

Misericordia es el Espíritu Santo, que da la vida y que procede del amor del Padre y del Hijo, y con el Padre y el Hijo es un solo Dios verdadero, derramado en los corazones de los hombres, y que los fortalece en la fe, en la esperanza y en el amor, para que crean en Cristo, para que obren en Cristo, y sean salvados por la sangre derramada de Cristo, para el perdón de los pecados, y sumergidos en el agua viva que emana de su Sagrado Corazón, para hacerlos hombres nuevos y darles la vida eterna.

Misericordia es Cristo resucitado y vivo en la Eucaristía, que permanece en manos de los hombres, para alimentar a los hombres, para vivir en los corazones de los hombres, y conducirlos por la fe y las obras a la salvación, y a su resurrección en el último día.

Misericordia es la caridad de Dios, que deben recibir y entregar los hombres en comunión fraterna, para ser partícipes de la gloria de Dios.

Hijos míos: acudan a la oración, y pídanle a Jesús resucitado que les dé la disposición para abrir sus corazones a recibir su gracia y su misericordia. No pierdan la oportunidad, que siempre está vigente, de acudir al Señor y a su Divina Misericordia para convertir sus corazones a través del sacramento de la Confesión, y de participar de la obra redentora del Señor, construyendo con Él el Reino de los Cielos, por lo que ustedes alcanzan su misericordia, al derramarla haciendo obras de misericordia corporales y espirituales, porque Él ha dicho “Bienaventurados serán los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia“.

Yo soy Madre de Misericordia. Permanezcan en unidad conmigo y reciban la misericordia de Dios derramada en la Cruz, desde mi corazón de Madre, y reciban la paz de Cristo a través de su misericordia».

PREDICAR LA MISERICORDIA

Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
10 de abril de 2021
(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 53)
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«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
Evangelio según san Marcos: 16, 9-15
Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
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«Hijos míos: llevo la misericordia en mi vientre. Yo soy madre de misericordia. Yo soy madre del amor. Intercedo para que ustedes reciban de Dios la gracia para abrir sus corazones para recibir el amor, y crean en Cristo resucitado y vivo en la Eucaristía, y proclamen el Evangelio a todas las criaturas a través de obras de misericordia.
No tengan miedo, porque el Señor está con ustedes todos los días de su vida, hasta el fin del mundo. Y es Él, el que los envía. Lleven su testimonio al mundo, a través de sus obras, para que los que tengan ojos vean, y los que tengan oídos oigan. Es así como serán bienaventurados y recibirán misericordia, porque en la Palabra y en la fe llevan la verdad y la vida, obrando con misericordia: perdonando, enseñando, corrigiendo, consolando, dando consejo, vistiendo al desnudo, visitando a los presos y a los enfermos, sufriendo con paciencia, dando de beber al sediento, acogiendo a los peregrinos, dando de comer al hambriento, orando por los vivos y por los muertos, llevando la paz y la alegría de servir a Cristo al mundo entero.
Permanezcan conmigo construyendo las obras de Dios, que son obras de misericordia, fruto del amor de los santos a la divina misericordia de Dios, para que el mar de misericordia y el agua viva que ha sido derramada en la Cruz, y que es un torrente de amor, sea encauzado a las almas, para que abran las puertas de sus corazones para recibir la misericordia y el amor de Cristo.
No sean incrédulos, sino crean, y pídanle al Señor que cambie sus corazones de piedra por un corazón de carne, para que tengan sus mismos sentimientos, y el mundo, al verlos y al escucharlos, no sea incrédulo, sino creyente. Es tiempo de que crean. Permanezcan en la paz, en la alegría y en el amor de Cristo, bajo mi protección.
Perseveren en la oración. Es tiempo de abrir sus corazones, porque el Rey está a la puerta y llama. Es tiempo de misericordia».

ESCUCHAR Y OBEDECER PARA DAR FRUTO ABUNDANTE

Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
9 de abril de 2021
(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 52)
  
«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
Evangelio según san Juan: 21, 1-14
Se acercó Jesús, tomo el pan y se lo dio a sus discípulos y también el pescado.
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«Hijos míos: el Señor los envía a echar las redes al mar, para que consigan el alimento con su trabajo y el sudor de su frente. Pídanle al Padre con humildad y con la insistencia de un hijo. Confíen en la providencia de un Padre misericordioso y amoroso, que les da todo, hasta su heredad por filiación divina.
Acudan con prontitud cuando el Señor los llama, pero no vayan con las manos vacías. Llévenle al altar sus ofrendas de cada día, fruto de sus trabajos y de sus sacrificios, pero siempre con alegría, para unirlas a la Cruz, para que sean transformadas en la vida de su resurrección, en alimento de vida y en bebida de salvación, en acción de gracias, en don, en comunión, en sacrificio, en ofrenda, en sacramento, en Eucaristía. Y reconozcan que ese alimento y esa bebida es su Señor, y vayan a su encuentro. ¡Reconózcanlo! Cristo está vivo. ¡Atrévanse!, échense al mar. Dejen las redes y síganlo.
Dios toca los corazones de todo el que caiga en mis redes, y escuche y obedezca la voluntad de Dios, cumpliendo sus mandamientos. Aquí tienen a mi Hijo, para que lo escuchen y lo obedezcan. Y, una vez renovados, eche cada uno sus redes al mar, y la pesca sea abundante. Pero con redes fuertes, para que no se rompan, y no se pierda ninguno; para que, cuando lleguen a la orilla, den buenas cuentas al dueño de la barca, de las redes y de los peces.
Permanezcan atentos, despiertos, en vela, porque el Señor viene a su encuentro en todo momento. Realicen sus trabajos buscando la perfección, obrando con virtud, pero dedicando siempre un tiempo para la oración, porque muchas cosas son importantes, pero sólo una es necesaria: escuchar a Jesús. Lo que pidan en nombre de mi Hijo, el Padre se los concederá, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Porque ustedes lo escuchan y lo aman, y lo obedecen, y guardan sus mandamientos.
En mi vientre está la luz de la fe, la esperanza y el amor. Es desde aquí que brilla la luz para el mundo, para que el mundo reconozca por la fe a Cristo, resucitado y vivo, que reina en mí, que reina en ustedes, que reina en todos los corazones que tienen fe.
Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, pidiendo la providencia del Padre, conmigo y en comunidad, y todo lo demás se les dará por añadidura».
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La Compañía de María, Madre de los Sacerdotes
¡OREMOS POR TODOS LOS SACERDOTES! 
Por ellos yo me santifico (Jn 17, 19)
Invitación a recibir estas meditaciones:
Si quieres ser Madre Espiritual o Custodio de Sacerdotes, y aprender a santificar tu vida ordinaria en favor de los sacerdotes, envíanos un mensaje:
Suscripción a las meditaciones para Sacerdotes Espada de Dos Filos:

RECIBIR LA PAZ DE CRISTO RESUCITADO

Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
8 de abril de 2021
(Fuente: Espada de Dos Filos II, n. 51)
«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
Evangelio según san Lucas: 24, 35-48
“La paz esté con ustedes”.
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«Hijos míos: Jesús les dice: ‘la paz esté con ustedes’, presentándose en medio de los hombres como Dios y como hombre, en cuerpo, en sangre, en alma y en divinidad, en presencia viva, al partir el pan, en Eucaristía. Él es la paz, y Él es el mismo ayer, hoy y siempre.
El Señor ha venido a traerles la paz, abriéndoles los ojos para que lo vean, y el entendimiento para que crean en las Escrituras, y en que se cumplirá hasta la última letra, porque Él es la Palabra encarnada en un hombre de carne y hueso. Él es el Verbo hecho carne, que habitó entre los hombres, y que fue crucificado, muerto y sepultado, y que resucitó de entre los muertos al tercer día, para que se cumpliera lo que está escrito de Él en las Escrituras, que dicen que el Mesías tenía que padecer, morir y resucitar de entre los muertos al tercer día. Él es el Mesías, el Cristo, el Hijo único de Dios, que ha venido al mundo a morir para el perdón de los pecados, porque Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Él resucitó, y vive en cada uno de ustedes.
Jesús se presenta en medio de los hombres, como hombre de carne y hueso, que revela al mundo su divinidad, para que el mundo crea que Él es el Hijo único de Dios, que ha traído la paz al mundo a través de la redención, pero que es necesario que cada uno se acerque a pedir perdón, y reciba la absolución en el sacramento de la reconciliación.
Él se queda en presencia viva en la Eucaristía, para que, al partir el pan, se abran los ojos de los hombres y lo reconozcan, y para que, al recibir el perdón y la Sagrada Comunión, la paz de Dios reine en cada corazón, y sea extendida en cada casa, en cada familia, en toda la tierra.
Permanezcan en comunión conmigo, unidos al Sagrado Corazón de Jesús, cumpliendo los mandamientos y entregando su voluntad a Dios, viviendo en la fe, en la esperanza y en el amor, para que permanezcan en Cristo, y su paz en ustedes».
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Por ellos yo me santifico (Jn 17, 19)
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