Mayra Itzel Uribe Díaz
Fundación Sembrando Amor, Universitatis Vitae y Mensajeros de Guadalupe

Quien no ambiciona tener, poseer o alcanzar algo, no logra el éxito. Quien no apetece superarse, se estanca. Quien no tiene una motivación no activa su voluntad. ¿Cuántos propósitos y buenos proyectos se han dejado al 20 %, 50 % o 99 % de su término o simplemente se quedaron en la mente y no se cumplieron durante el año? Más allá de concluir con un “no pude”, “no tuve tiempo”, “no salió como pensaba”, o simplemente las circunstancias de vida lo impidieron, la resultante tiene una raíz profunda en la que hay que trabajar para superar todo obstáculo emocional, psicológico o espiritual que impide dar un paso hacia la conquista del éxito.

El miedo es la principal anestesia para el desarrollo de la persona; es el ancla que abraza su mente y corazón cuando abren la puerta a una emoción integrada en el hipotálamo (opera por medio del sistema nervioso autónomo, entre otras acciones ayuda a crear emociones básicas como ira, terror, miedo, disgusto, o bien nos tranquiliza o nos excita). La amígdala cerebral, también juega un papel importante en el desarrollo del miedo pues “evalúa lo que sucede en nuestro mundo exterior y le atribuye un significado emocional. Discierne y expresa matices emocionales sutiles, especialmente, el miedo aprendido mediante sucesos traumáticos. En ella se almacena la memoria emocional”, en otras palabras, la amígdala, dirige al cerebro a que actué para que sobrevivamos ante los peligros. Otra función del cerebro en el desarrollo del comportamiento de la persona lo es el hipocampo, que interviene en los procesos de aprendizaje y memoria. Es el conector entre las emociones y los recuerdos con la finalidad de influir en la amígdala e hipocampo. Regula las emociones negativas y positivas. El cerebro racional ayuda a tener la capacidad de un pensamiento crítico y creativo fundamental para poder reconocer nuestros errores, y con ello poder resarcirlos.
Es importante conocer lo que sucede en el interior de nuestro cerebro para poder comprender por qué en ocasiones tenemos miedo al éxito y porque en otros momentos alcanzamos nuestras metas y objetivos. Ante el miedo generado en la memoria emocional hay dos salidas: huir para sobrevivir, lo que implica un movimiento y una decisión rápida de ejecutar ante un peligro o quedarnos paralizados. En este segundo punto es en el que hay que “trabajar” en profundidad y con un acompañamiento espiritual y profesional para sanar aquellas heridas o “traumas” que se vivieron en la primera infancia, sobre todo, y que determinarán la acción del hoy y del mañana.

Pero también el miedo es una de las actitudes que con mayor frecuencia se menciona en el Evangelio. Escuchamos de Cristo proclamar con fuerza, determinación y de manera imperativa un ¡No tengas miedo! Siempre aunado a un argumento de acción: levántate y anda, ve y no peques más, tu fe te ha salvado, no tengas miedo de recibir, etcétera.

El miedo va más allá de una actitud de cumplimiento o incumplimiento. Es uno de los principales boicoteadores de todo propósito de crecimiento, superación, éxito y por consiguiente de trascendencia. ¿Deseas cumplir con todas tus metas y expectativas de vida para el año que estamos comenzando? Pon atención a tus miedos y heridas por sanar. A mayor capacidad de perdón menor porcentaje de frustración por el incumplimiento de metas.

Tres consejos prácticos para puntualizar y desarrollar tus propósitos de año nuevo:
1. Ampliar el campo de acción de tal manera que logres fijar propósitos que incluyan tu ser integral, o sea, que con ellos cuides tu mente, cuerpo y espíritu. (Mente: cuidar lo que lees, lo que ves, lo que piensas, estimula con una sana alimentación y ejercicios mentales tu amígdala, hipotálamo e hipocampo. Cuerpo: ejercicio, hidratación, alimentación, vestimenta, etc. Alimenta tu Espíritu con la oración, contemplación de la Palabra de Dios, vida sacramental, lecturas positivas, momentos de silencio, etcétera).

2. Confiar. En ti y en Dios. Dios, lejos de ser un Padre castigador, es un Padre que ama, corrige, indica, enseña y está presente en todo momento y lugar acompañándote en cada paso y propósito que tengas. Él irá indicando el mejor camino a recorrer. No tengas miedo… si caes, levántate y continúa. Jesús es la medicina por excelencia para sanar y curar tus miedos, incapacidades y heridas. Tú tienes las cartas en la mano, él la mejor jugada, tú decides…solo confía.
3. Conquistar propósitos que incluyan un eco ante tu prójimo y sociedad. “Busca primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura” Mt 6, 33. Cada acción personal tiene una repercusión social, ya sea en lo laboral, social, cultural, de salud o económico. Este plan te ayudará a transformar tu proyección anual.

La palabra que más empodera es “tú”. Por ello, deseo cerrar estas líneas recordando que, en esta travesía de propósitos de año nuevo, María te acompaña. Lo hace en tu lenguaje, tu cultura, tu identidad: “Hijito mío, ahora ve y pon todo tu esfuerzo”

Nican Mopohua

Write a comment:

*

Your email address will not be published.