En nuestro país la fiesta de la candelaria es importante y representativa, pues en algunos pueblos y familias con esta celebración terminan las fiestas navideñas, es el día en que el niño Dios es presentado en el templo, después de cuarenta días de su nacimiento, por lo cual las personas visten las imágenes del niño Jesús y las llevan al templo junto con velas, cirios y candelas (de donde toma su nombre) para ser bendecidos, los cuales representan a Jesús, quien vino para ser la luz que alumbra a todas las naciones.
La Presentación del Señor fiesta de la candelaria Adán Torres Dorantes Una vez que hemos experimentado el nacimiento de Jesús en nuestros corazones durante la Navidad, es momento de presentarnos al templo con Jesús y María para recibir esa purificación del corazón, pues en esta fiesta celebramos que Jesús es la luz de nuestra vida y sendero de nuestro caminar.
Ahora bien en nuestros pueblos es común ver grandes cantidades de personas llevando sus imágenes del niño Jesús vestidas con distintos atuendos, lo cual manifiesta una profunda y arraigada fe, por eso la Iglesia nos invita a realizar esta tradición con mucho respeto y seriedad pues podemos caer en la tentación de colocar a nuestra imagen del Niño Jesús algún atuendo no apropiado pues se nos ofrecen vestimentas de Santos u otras devociones, lo cual no sería correcto pues Jesucristo es Dios con esa identidad bien clara.
Una figura muy importante en esta festividad es la de María, madre de Jesús y madre nuestra pues ella es quien, junto con San José, llevó al templo a Jesús para purificarse según la tradición de los judíos lo cual nos habla de obediencia y religiosidad por parte de la sagrada familia; en este acontecimiento María recibe de Simeón una profecía que anuncia todo el dolor que pasará más adelante en la pasión y muerte de su hijo. Esta es una festividad que sin duda reunirá a varias familias para el tradicional convivio de “Los tamales”, lo cual pone de manifiesto que Jesús siempre es motivo de unión y amor, por eso al vivir esta fiesta, hagámoslo poniendo a Cristo al centro y a María como ejemplo de humildad y obediencia