“Educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”.
Albert Einstein
La congruencia y coherencia con los principios que transmitimos a nuestros hijos, por medio de la palabra, es fundamental para que dejen huella en ellos.
El ejemplo que les damos con nuestro modo de vivir, con nuestro comportamiento, nuestro tono vital; con nuestro pesimismo u optimismo, con nuestra manera de ver y de estar en la vida, etc., tiene mucha más influencia en ellos que los propios consejos que podamos verbalizar.
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De nada sirve decirle a nuestros hijos que deben ser sinceros si nos ven mentir con frecuencia.
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De nada sirve decirle que debe ser activo y esforzarse por cumplir sus objetivos si nos ve sentados en el sofá todo el día.
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De nada sirve decirle que hay que ser optimista si nos pasamos el día quejándonos por todo.
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De nada sirve decirle que sea respetuoso con el medio ambiente si nosotros mismos no lo somos.
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De nada sirve querer inculcarles respeto por los demás si nos oye hablando mal del prójimo; criticando y juzgando.