Pbro. Lic. Jorge Alejandro Lagunas Guadarrama

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que las ánimas benditas del purgatorio: “Son los que mueren en la gracia de Dios y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación de los elegidos”.

La Tradición de la Iglesia hace referencia a los siguientes textos: 1 Cor 3, 15: “Más aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el castigo. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien escapa del fuego”.

 

1 Pe 1, 7: “ … a fin de que la calidad probada de su fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo”.

 

San Gregorio Magno dice: “Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la verdad… Esta enseñanza se apoya en la práctica de la oración por los difuntos, expresada en 2 M 12, 46.

 

La Iglesia ha ofrecido y ofrece sufragios en favor de los difuntos, para que una vez purificados puedan llegar a la visión beatífica de Dios.

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