«Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro donde pusieron a Jesús» (Jn 19, 41)
¡Día de silencio! Ha sido demasiado lo vivido, demasiado lo que hemos visto y oído. ¡Tanto amor!
Estamos en el segundo día del triduo. Y hoy el Señor pasa del Gólgota al jardín, lugar de espera.
Nos unimos en oración a la Virgen María, y agradecemos una vez más la generosidad de su Hijo Jesús. No le bastó entregarnos su vida entera, sino que ahora nos entrega además a su misma Madre como Madre nuestra. ¡Gracias Señor! ¡Gracias, Madre!
Con María esperamos, nos sentimos consolados ante la dureza del dolor y de tanta soledad. Con María sabemos que algo grande va a ocurrir. Por eso todo lo que vivimos ayer, en el Viernes Santo, tiene sentido.