Queridos amigos, ¡bienvenidos!

Me alegro de encontrarme con ustedes, a los cien años del nacimiento de su Federación. Saludo al presidente y a todos ustedes.

El juego de las damas tiene dos hermosas características: estimula la mente y es accesible a todos. Requiere inteligencia, habilidad y atención, pero no grandes medios e instalaciones. Es uno de esos juegos con los que, estés donde estés, puedes crear fácilmente un momento de encuentro y diversión: todo lo que necesitas es un tablero de ajedrez y damas, dos jugadores, y es una bonita forma de estar juntos. Esto hace de las damas un juego para todos, practicado en diversas partes del mundo. Por ejemplo, se dice que es uno de los pasatiempos más comunes entre los emigrantes que desembarcan en nuestras costas: muchos de estos hermanos y hermanas, en situaciones de gran incertidumbre y aprensión, encuentran alivio jugando a las damas, a veces incluso junto con las personas que les acogen, con sencillez y compartiendo. Y, además, es un juego que ejercita la capacidad lógica, ¡y hace falta, porque el abuso de los nuevos medios de comunicación más bien la adormece!

Queridos amigos, es hermoso que se encuentren con alegría, para conocerse y desafiarse deportivamente: en un mundo caracterizado por el individualismo, que a veces corre el riesgo de convertirse en aislamiento, esto hace circular aire limpio, aire fresco, su juego. Por tanto, les deseo lo mejor en sus actividades; y los animo también a mantener vivos los momentos de espiritualidad que suelen asociarse a los actos más importantes organizados por la Federación.

Les agradezco su visita y los bendigo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Y traigan siempre a los niños, ¡que son una promesa! Gracias.

Fuente |VATICAN

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