Durante el Ciclo Litúrgico anual, celebramos los principales misterios de Cristo en dos tiempos llamados “fuertes”; el misterio de su Encarnación en la Navidad con su tiempo de preparación que es el Adviento, y su muerte y resurrección en la Pascua con la preparación cuaresmal.

Entre estos tiempos “fuertes” encontramos un periodo que conocemos como Tiempo Ordinario, se le llama ordinario para diferenciarlo de los anteriormente mencionados, no porque carezca de importancia o especial relevancia, pues sabemos que todo lo que nos ofrece nuestra madre la Iglesia es valioso y para el bien de nuestras almas.

El tiempo Ordinario ocupa dos espacios al año, el primero comienza el lunes después del domingo del Bautismo del Señor y termina el martes anterior al Miércoles de Ceniza, la segunda parte del tiempo ordinario comienza el lunes posterior al Domingo de Pentecostés y termina antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento. En el Tiempo Ordinario tienen lugar la celebración de algunos misterios divinos como la Santísima Trinidad o el Cuerpo y Sangre de Cristo, así como algunas fiestas importantes de la virgen María y particularmente de San Juan Bautista.

Su color es el verde, que significa la esperanza, el crecimiento, desarrollo y fecundidad. Durante este tiempo seguimos con especial atención las palabras y obras de Jesús, precisamente para crecer en la fe, edificar nuestra comunidad, aumentar y hacer fecundo nuestro cristianismo en la alegría y el entusiasmo de la vida cotidiana, impulsando nuestro proceso de conversión. De lo contrario caemos en el estancamiento que conduce a la mediocridad y apatía.

Durante todo el año también se celebra el ciclo santoral, cada día se conmemora la vida y obra de los santos que con su testimonio nos animan a vivir las virtudes cristianas cuyo fruto será gozar de la gloria del cielo. Son claro ejemplo de que se puede vivir el evangelio y que como personas podemos lograrlo de la mano del Señor.

Vivamos con alegría e intensamente este tiempo especial de crecimiento y gracia: el Tiempo Ordinario.

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