La liturgia de Semana Santa es extraordinaria, en cada uno de sus signos podemos admirar la obra redentora de Jesucristo, obra que se plasma en nuestra salvación, salvación que nos invita a vivir en comunidad.

La ofrenda que Jesús hace de sí mismo por nosotros es muestra patente de su misericordia, tal como proféticamente lo adelanta el sumo sacerdote: “Es mejor que muera uno solo por el pueblo” (Cfr. Jn 11, 50). Justo esto es lo que la liturgia nos invita a vivir, la caridad de la entrega, como el Padre entregó a su propio Hijo.

Es por esto que en el ofertorio de la celebración vespertina del Jueves Santo, después de haber lavado los pies a nuestros semejantes, se nos invita a compartir nuestros bienes con los pobres. Si intentamos ser misericordiosos como el Padre, nuestra donación personal es un signo patente de esta imitación, por lo que se nos invita, en este momento en particular, a llevar dones para los pobres (despensas u otro bien material).

Vivamos intensamente las celebraciones de este Triduo Pascual, participemos activamente en cada una de ellas y los invitamos a reflexionar el mensaje del canto gregoriano que debe acompañar este momento, llamado Ubi Caritas (Donde hay caridad), escrito originalmente en latín, traducimos para ustedes la letra del canto.

Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

El amor de Cristo nos ha congregado y unido.

Alegrémonos y deleitémonos en él.

Temamos y amemos al Dios vivo.

Con sincero corazón amémonos unos a otros.

Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Estando congregados y unidos,

cuidémonos de estar desunidos en espíritu.

Cesen las malignas rencillas, cesen los disgustos.

Y Cristo nuestro Dios reine entre nosotros.

Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Ojalá junto con los bienaventurados veamos

también tu rostro en la gloria ¡Oh Cristo, Dios nuestro!

Este será el gozo santo e inefable

por los siglos infinitos. Amén.

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