Para que tenga sentido nuestra Navidad, y para que nos guste este tiempo, debemos hacerla un tiempo de intimidad con Dios. De otra manera pasará sin dejar huella en nosotros y sin dejarnos en el alma nada más que un cansancio y una insatisfecha hambre de lo divino.
La Iglesia nos invita a vivir la Navidad a partir de una nueva actitud interior nacida de la contemplación de esa historia, la más bella jamás contada y vivida, de un hermanito nuestro nacido en Belén, confiado a los hombres por su Padre Dios y puesto en los amorosos y tiernos brazos de su Madre, la Virgen María.

La Navidad es una conversión a Jesús. Partimos del hecho de nuestra opresión sentida, de nuestras carencias físicas y espirituales, de aquello que nos lastima y nos duele. Allí, al cuidado de su Madre, está nuestro Salvador. Jesús significa, precisamente, “Dios salva”.
Ha venido a salvar a los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares. También a mí. Ha venido a salvarme en mi tiempo y en mi lugar.

La Navidad es ir a Jesús. Como los pastores y los Reyes Magos. Ir a Jesús llevando nuestra ofrenda, con la seguridad de que él me llenará de sus regalos. Su regalo es mi salvación, y con la salvación viene la felicidad.

FUENTE: https://desdelafe.mx/formacion/la-navidad-es-jesus/

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